8 pueblos costeros con potencial turístico que merece la pena tener en el radar
El turismo de costa en España continúa siendo uno de los grandes atractivos para la inversión hotelera. Sin embargo, más allá de los destinos vacacionales tradicionales, existen pequeñas localidades que, por su ubicación, su patrimonio, su entorno natural o su oferta de ocio, pueden resultar interesantes para el desarrollo de nuevos proyectos de alojamiento.
Desde pueblos pesqueros del Cantábrico hasta enclaves del Mediterráneo y las Islas Canarias, recorremos ocho destinos costeros que cuentan con características atractivas para el sector hotelero y que merece la pena tener en cuenta al explorar nuevas oportunidades de inversión.
1. Tazones, Asturias
En la costa asturiana, Tazones conserva buena parte de la arquitectura y el ambiente que tradicionalmente han caracterizado a los pequeños puertos pesqueros del Cantábrico. Sus casas de colores, calles empedradas y restaurantes especializados en productos del mar forman parte del atractivo de esta localidad, cuya historia está vinculada a un acontecimiento especialmente significativo.
En septiembre de 1517, el futuro emperador Carlos V desembarcó en el puerto de Tazones, protagonizando su primera llegada a la península ibérica. La localidad recuerda este episodio cada mes de agosto mediante una recreación histórica que se ha convertido en una de sus celebraciones más conocidas.
Los barrios de San Miguel y San Roque, reconocidos por su valor histórico y artístico, permiten descubrir la arquitectura marinera tradicional. Entre sus construcciones más curiosas se encuentra una vivienda de San Roque cuya fachada está decorada íntegramente con conchas.
Otro de los atractivos de Tazones se encuentra en su costa. Cuando baja la marea, en la playa de San Miguel pueden observarse huellas de dinosaurios del Jurásico, un testimonio del pasado prehistórico de esta zona de Asturias.

2. Sabinosa, El Hierro
En el extremo occidental de Canarias se encuentra Sabinosa, una pequeña localidad perteneciente al municipio de La Frontera, en la isla de El Hierro. Situada a unos 300 metros sobre el nivel del mar, en un paisaje de origen volcánico, es el único núcleo habitado del sector occidental de El Golfo.
Su nombre está relacionado con las sabinas, árboles característicos de esta parte de la isla. El pueblo se organiza en dos zonas diferenciadas: El Lugar, su núcleo tradicional, y Rosa Cabrera, de desarrollo más reciente.
Uno de sus principales atractivos es el entorno natural que lo rodea. Muy cerca se extiende La Dehesa, un territorio de pastos comunales donde se encuentra El Sabinar, conocido por sus árboles de troncos retorcidos debido a la acción constante del viento. En esta misma zona se sitúa el Santuario de Nuestra Señora de los Reyes, patrona de El Hierro.
Quienes disfrutan del senderismo también pueden explorar los caminos de la Reserva Natural de Mencáfete, un espacio que alberga vegetación de monteverde y laurisilva, además de especies endémicas amenazadas.
En la franja costera próxima a Sabinosa se encuentran lugares como el Pozo de la Salud, Arenas Blancas, La Jarrilla y La Tabla.
La localidad mantiene, además, tradiciones vinculadas al campo y al vino. A finales de octubre, coincidiendo con las fiestas populares y la apertura de las bodegas para probar el vino nuevo, se celebra la Tafeña.

3. El Perelló, Valencia
El Perelló es una localidad mediterránea situada junto al Parque Natural de la Albufera, uno de los espacios de mayor interés ecológico y paisajístico de la Comunidad Valenciana. Su proximidad al mar y las temperaturas suaves durante buena parte del año hacen que resulte atractivo tanto para las vacaciones estivales como para una escapada fuera de temporada.
Su playa de arena fina y dorada dispone de servicios e instalaciones destinados a facilitar el acceso y mejorar la experiencia de los visitantes. En reconocimiento a estas características, obtuvo en 2010 la Q de Calidad Turística.
Otro de los puntos de interés es su puerto deportivo, que dispone de 186 amarres y está orientado principalmente a embarcaciones recreativas de pequeño calado. Cuenta con un club náutico y una escuela de vela, además de instalaciones que permiten acceder cómodamente al agua. El puerto también tuvo un papel de apoyo durante la XXXII Copa América de Vela.
La gastronomía es uno de los grandes atractivos de El Perelló. Sus restaurantes ofrecen platos representativos de la cocina valenciana y de la Ribera Baixa, como la paella, el all i pebre o la caldereta de rape.
Más allá de la playa, el entorno ofrece numerosas posibilidades para disfrutar de la naturaleza. Se pueden realizar paseos en barca desde el Portet de la Albufera o recorrer en bicicleta los caminos de la marjal.
El calendario festivo también tiene un peso importante en la vida local. Además de las Fallas y las celebraciones de diciembre, cada mes de junio se organiza la feria agroalimentaria Tómate El Perelló, dedicada a promocionar el tomate de la zona mediante actividades gastronómicas, degustaciones y propuestas de ocio.

4. Ortigueira, Asturias
En el municipio asturiano de Coaña, Ortigueira es un pequeño pueblo de tradición marinera situado en un valle que desciende hasta el Cantábrico. Sus viviendas se distribuyen sobre las laderas, creando una estampa en la que la arquitectura tradicional y el paisaje costero son los protagonistas.
La historia de Ortigueira está estrechamente relacionada con la pesca y, especialmente, con la antigua actividad ballenera. Durante siglos, varias generaciones de vecinos se dedicaron también a la captura de langostas. Antes de que se construyera el actual puerto de El Ribeiro, los pescadores utilizaban una superficie rocosa expuesta al oleaje para atracar sus embarcaciones.
El origen y desarrollo de la localidad se remontan a la Edad Media, una herencia que todavía puede apreciarse en parte de su configuración urbana.
Pasear por Ortigueira permite descubrir dos tipos de construcciones. En la zona más próxima al mar predominan las viviendas de carácter marinero, mientras que en las partes altas aparecen edificios de arquitectura indiana, vinculados a los vecinos que emigraron a América.
Entre ellos destaca la Quinta Jardón, relacionada con una familia que contribuyó al desarrollo de la localidad desde el siglo XIX. La propiedad alberga uno de los jardines de inspiración francesa mejor conservados de Asturias.
Otro recorrido interesante conduce hasta sus dos faros. El antiguo conserva una campana que se utilizaba para advertir del paso de embarcaciones y presenta la particularidad de haber funcionado mediante una válvula solar.
La visita puede completarse con la capilla y el monumento dedicado a los marineros fallecidos, dos lugares que recuerdan la estrecha relación de Ortigueira con el mar.

5. Mutriku, Gipuzkoa
Situada en la costa occidental de Gipuzkoa, Mutriku es una villa marinera con un importante patrimonio histórico. Su trazado urbano se adapta a las pendientes del monte Arno y conserva elementos de su pasado medieval, incluidos restos de las antiguas murallas.
La localidad fue fundada a comienzos del siglo XIII y su casco antiguo obtuvo reconocimiento patrimonial en 1995. Recorrer sus calles estrechas permite descubrir palacios y casas torre construidos entre los siglos XV y XVII.
El puerto, uno de los más antiguos de Gipuzkoa, refleja la importancia que tuvo la pesca de la ballena y las actividades relacionadas con ella en la economía local.
Esa vinculación con la tradición pesquera continúa presente en celebraciones como el Berdel Eguna, una jornada gastronómica que tiene lugar el primer sábado de abril y está dedicada a la caballa y sus diferentes formas de preparación.
Mutriku también cuenta con atractivos naturales. Desde los barrios de Laranga y Galdonamendi se contemplan amplias vistas del litoral, mientras que las playas de Saturraran y Mutriku son dos de sus principales espacios de interés durante los meses de verano.

6. La Azohía, Murcia
La Azohía es una pequeña población costera situada al oeste de Cartagena, en la diputación de Perín. Rodeada de sierras y espacios naturales, conserva una larga tradición pesquera y ofrece algunas de las vistas más reconocibles de la bahía de Mazarrón.
Durante siglos, su relativo aislamiento condicionó la forma de vida de sus habitantes. La agricultura destinada al autoconsumo, el pastoreo y la pesca fueron las principales actividades de una población que vivía repartida en pequeños caseríos.
Una de sus tradiciones más singulares es la pesca mediante almadraba, un sistema utilizado desde época romana que continúa practicándose en la zona. La almadraba de La Azohía está considerada una de las más antiguas del Mediterráneo y desarrolla su actividad entre marzo y junio.
La historia también está presente en su patrimonio defensivo. Durante el siglo XVI se levantaron diferentes construcciones para proteger la costa de las incursiones de piratas berberiscos. Entre ellas sobresale la Torre de Santa Elena, conocida igualmente como Torre de La Azohía, desde donde se obtiene una amplia panorámica de la bahía.
Actualmente, la localidad es un destino vacacional apreciado por sus temperaturas suaves y sus playas de aguas transparentes. San Ginés, La Chapineta, El Cuartel y La Azohía son algunas de las zonas de baño más conocidas, con fondos marinos donde crecen praderas de posidonia.
Su cercanía al espacio protegido de La Muela, Cabo Tiñoso y Roldán permite combinar las jornadas de playa con rutas de senderismo y actividades en la naturaleza. La Reserva Marina de Cabo Tiñoso también ofrece un entorno de especial interés para el buceo, mientras que el litoral resulta adecuado para practicar kayak y otros deportes náuticos.

7. As Figueiras, Asturias
As Figueiras, también conocida como Figueras, se encuentra junto a la ría del Eo, en el límite natural entre Asturias y Galicia. A los pies del puente de los Santos, esta pequeña localidad cuenta con un puerto tradicional, calles en pendiente y edificios que recuerdan distintas etapas de su historia: las viviendas marineras se agrupan principalmente en las inmediaciones del puerto, mientras que en las zonas más elevadas aparecen residencias señoriales y construcciones de mayor tamaño.
Entre los edificios de interés destacan el palacio de Pardo Donlebún y el Palacete Peñalba. Este último fue diseñado a comienzos del siglo XX por Ángel Arbex, arquitecto militar vinculado a la influencia de Gaudí, y combina elementos del Art Nouveau con la arquitectura indiana.
La capilla de San Román, construida durante el siglo XIX por iniciativa del Gremio de Mareantes, es otro de los lugares que merece la pena visitar. También forman parte del patrimonio local la Torre del Reloj y el edificio de la Cofradía de Pescadores.
El puerto continúa siendo uno de los principales espacios de encuentro del pueblo. Desde sus inmediaciones se contemplan los astilleros, las pequeñas embarcaciones, la localidad de Castropol y el paisaje de la ría.
As Figueiras es, además, un buen punto de partida para disfrutar de actividades náuticas, conocer pequeñas calas cercanas o recorrer tranquilamente sus calles y miradores. La visita se puede completar con la gastronomía tradicional, en la que los pescados y los guisos marineros siguen ocupando un lugar destacado.

8. Liencres, Cantabria
A unos nueve kilómetros al oeste de Santander se encuentra Liencres, una localidad perteneciente al municipio de Piélagos que destaca especialmente por su entorno natural. Sus aproximadamente ocho kilómetros de litoral reúnen playas, calas, acantilados y uno de los sistemas dunares más conocidos de Cantabria.
Entre sus arenales figuran Valdearenas, Canallave, Somocuevas, La Arnía, Portío, Cerrías y Pedruquíos, también llamado El Madero.
Valdearenas y Canallave forman parte del Parque Natural de las Dunas de Liencres, un espacio protegido desde 1986 que se extiende sobre unas 195 hectáreas. El paisaje combina dunas, playas abiertas al Cantábrico y un bosque de pino marítimo que contribuye a estabilizar parte de las acumulaciones de arena.
Uno de los principales atractivos de la zona es la variedad de sus formaciones costeras. La acción del oleaje ha modelado durante miles de años un litoral de acantilados y pequeñas ensenadas, especialmente llamativo en lugares como La Arnía, Somocuevas o Portío.
El entorno también conserva testimonios de distintas épocas históricas. En el monte de La Picota se encuentran los restos del castillo de Pedraja, conocido igualmente como castillo de Hércules, reconocido como Bien de Interés Cultural en 2004. En esta misma zona existen estructuras defensivas de la Guerra Civil española que recibieron esa protección en 2008.
La proximidad de Liencres a Santander, junto con la calidad de sus paisajes, ha favorecido su desarrollo como localidad residencial y turística. Aun así, sus espacios naturales siguen siendo uno de los principales motivos para visitarla.

Nuevas oportunidades para el sector hotelero en la costa española
El atractivo turístico de estos ocho destinos pone de manifiesto que todavía existen alternativas interesantes para el sector hotelero más allá de los grandes núcleos vacacionales. Su patrimonio, sus espacios naturales y su oferta de actividades pueden favorecer el desarrollo de propuestas de alojamiento diferenciadas, adaptadas a las características de cada localidad; teniendo en cuenta tanto la demanda turística como las posibilidades de crecimiento y las particularidades de cada destino.